← Volver a Artículos
entrenamiento · 16 de julio de 2026 · ~6 min

¿Eres más de pulso, ritmo, potencia o sensaciones?

¿Eres más de pulso, ritmo, potencia o sensaciones?

Cuando programo una sesión, casi siempre la escribo con un número por delante: corre a 4:30, muévete en estos vatios, no pases de tal pulso.

Pero ese número es lo que el deportista tiene que hacer, no lo que va a sentir. Y muchas veces no se parecen.

Lo veo cada semana. Dos atletas hacen la misma serie, el mismo día y en la misma pista: uno la saca con sensaciones cómodas y el otro las pasa canutas para terminarla. Mismo reloj, dos mundos.

Conviene separar dos cosas que es fácil confundir. La carga externa es el trabajo que produces y se mide desde fuera: el ritmo, los vatios, los kilómetros. La carga interna es lo que ese trabajo le cuesta a tu cuerpo por dentro: las pulsaciones, la fatiga, el esfuerzo que notas.

El ritmo y la potencia miden lo primero; el pulso y las sensaciones, lo segundo. Por eso no siempre se ponen de acuerdo. Entonces, ¿a cuál de los cuatro le hacemos caso?

El ritmo

El ritmo es el más frío de todos: te dice exactamente lo que estás haciendo, en minutos por kilómetro, y ni una palabra más.

Su gran ventaja es que es el idioma de la competición: el día de la carrera nadie te pregunta por las pulsaciones, cuentan los kilómetros y el crono. Y entrenar a ritmo enseña al cuerpo las velocidades que luego tendrá que sostener.

Su problema es que no tiene en cuenta ninguna otra variable: ni la fatiga que arrastras, ni el clima, ni el terreno. Un 4:30 el kilómetro es un rodaje tranquilo en llano y un sufrimiento cuesta arriba, con viento de cara o en pleno agosto. El reloj marca lo mismo, pero por dentro estás en dos mundos distintos.

El pulso

El pulso, en cambio, ya es carga interna: no mide lo que produces, sino lo que a tu organismo le cuesta producirlo ese día concreto, con el calor que hace y las horas de sueño que llevas encima.

El corazón es lento de reflejos: en las series cortas siempre llega tarde, y cuando por fin marca la intensidad la serie casi se ha acabado. Y se deja arrastrar por cosas que no tienen que ver con el entrenamiento. Una mala noche, un café de más, un día de estrés o simplemente calor pueden subirte las pulsaciones sin que corras ni un segundo más rápido.

El mejor ejemplo es la deriva cardiaca. En un esfuerzo largo el cuerpo se calienta y pierde líquido con el sudor, y el corazón tiene que latir más veces para mover la misma sangre. El pulso sube poco a poco aunque el ritmo no cambie: el trabajo es el mismo, pero el número dice que aprietas más, y si te fías solo de él acabas frenando sin motivo.

La potencia

La potencia nació en el ciclismo justamente para tapar ese agujero. Un medidor de potencia registra la fuerza real que aplicas a los pedales, sin retrasos ni derivas. Le da igual el viento, la pendiente o cómo dormiste: el vatio es el vatio, y por eso es la referencia para dosificar en la bici.

En la carrera a pie la historia es más nueva y hay que cogerla con pinzas.

Los aparatos para correr no miden ninguna fuerza directa, como sí hace el pedal de una bici: estiman la potencia con un algoritmo a partir de tu movimiento —la cadencia, el tiempo que el pie pasa en el suelo, el balanceo—, así que es un cálculo, no una medida. Y como cada marca calcula a su manera, los números no son comparables: un Stryd suele dar vatios más bajos que un Garmin para el mismo esfuerzo, así que usa siempre el mismo medidor.

Los estudios que los han probado ven buena relación con el consumo de oxígeno, aunque se quedan cortos en los valores absolutos. Sirven, y bastante, pero como brújula, no como verdad absoluta. Y hay algo que el vatio nunca te dirá por sí solo: lo que te cuesta por dentro aguantarlo.

Las sensaciones

Y por último está la herramienta que existía mucho antes que cualquier reloj, la única que no lleva batería: lo que tú notas.

Solemos menospreciar el valor de nuestras sensaciones, y sin embargo tienen detrás más ciencia de la que parece. Gunnar Borg demostró hace décadas que, bien leídas, se relacionan sorprendentemente bien con lo que pasa por dentro: el lactato, el consumo de oxígeno. Y Carl Foster las convirtió en una forma sencilla y validada de medir la carga de toda una sesión, sin un solo sensor.

El gran valor de las sensaciones es que integran de golpe todo lo que ninguna máquina ve: la fatiga que arrastras, lo que has dormido, el calor, el ánimo, las ganas.

Su pega es que hay que aprender a calibrarlas. El que empieza confunde incomodidad con intensidad y se pasa de rosca; el veterano, acostumbrado a sufrir, no se cree que un rodaje suave deba ir tan suave. Calibrarlas lleva tiempo, pero es de las mejores inversiones que hay.

Entonces, ¿cuál elijo?

La respuesta que menos gusta es que ninguno es «el bueno»: no están midiendo lo mismo.

El ritmo y la potencia son una gran referencia, pero no la única ni la que debería mandar por encima de todo.

Porque tu rendimiento de hoy lo deciden mil cosas que el reloj no ve: cómo has dormido, el estrés, el trabajo, la familia, la fatiga que arrastras. Sobre todo en el amateur, dejar que un dato de carga externa te amargue una sesión, cuando el cuerpo te dice otra cosa, casi siempre es un mal negocio. En la duda, las sensaciones deberían tener la última palabra.

El número importa, y es un punto de partida excelente. Pero si un día las piernas o la cabeza piden otra cosa, ajustar no es fallar, es entrenar con cabeza. Cumplir el ritmo mientras te rompes por dentro no te hace mejor deportista, solo más tozudo.

Y no te compares con el ritmo de otro, ni con tu propio ritmo de la semana pasada: cada día llegas siendo alguien distinto. Tú eres tú.

En la práctica uso dos o tres a la vez, con más o menos peso según el día y el deportista: miro el ritmo sabiendo que hoy hay viento, el pulso sabiendo que anoche durmió fatal, y sobre todo que cada uno aprenda a fiarse de lo que nota.

Así que la pregunta te la dejo a ti: de estos cuatro, ¿cuál crees que le habla mejor al deportista que eres hoy?

Bibliografía recomendada

  • Borg, G. A. (1982). Psychophysical bases of perceived exertion. Medicine & Science in Sports & Exercise, 14(5), 377–381.
  • Foster, C., Florhaug, J. A., Franklin, J., et al. (2001). A New Approach to Monitoring Exercise Training. Journal of Strength & Conditioning Research, 15(1), 109–115.
  • Coyle, E. F., & González-Alonso, J. (2001). Cardiovascular drift during prolonged exercise: new perspectives. Exercise and Sport Sciences Reviews, 29(2), 88–92.
  • Imbach, F., Candau, R., Chailan, R., & Perrey, S. (2020). Validity of the Stryd Power Meter in Measuring Running Parameters at Submaximal Speeds. Sports, 8(7), 103.
  • Allen, H., Coggan, A. R., & McGregor, S. (2019). Training and Racing with a Power Meter (3.ª ed.). VeloPress.

¿Entrenamos juntos?

Contacta
Run y Tri
Run y Tri
Mediadores entre el soñador y su sueño.
© 2026 Método RUNyTRI